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martes, 7 de mayo de 2019

Metafísica del click (Periodismo, Revolución y Sociedad del espectáculo)

Decía el filósofo francés Guy Debord, fundador del movimiento situacionista, que el espectáculo «es lo que escapa a la actividad de los hombres, a la reconsideración y corrección de sus obras. Es lo contrario del diálogo. Donde quiera que haya representación independiente, el espectáculo se reconstituye». Pero, ¿qué es el Espectáculo? El Espectáculo no es su interpretación vulgar, que es una cierta pantomima cinematógrafica, ni los personajes que la desarrollan, aunque sin duda este concepto vulgar de “espectáculo” no cabría apenas fuera del concepto de Espectáculo. El Espectáculo debordiano consiste, pues, en la dominación de la vida social por la economía, en la degradación del ser al tener, y del tener al parecer. La economía del perpetuo desarrollo, de la producción sin fin, negación de los fines por la posesión de la vida individual devenida en mera apariencia, en mercancía. Así Debord recogía el concepto marxista del fetichismo de la mercancía para reinterpretarlo como la visión de un momento histórico, que no es sino «una cosmovisión objetivada». El Espectáculo es la culminación de este proceso que finaliza en la abstracción de la perspectiva económica, que totaliza efectivamente una visión mercantil e industrial del mundo para desposeer al individuo de sí mismo, esto es, vaciarlo a fuerza de sopor: sopor de un “sí mismo” vaciado por el mundo mediatizado de las imágenes.
 
Guy Debord leyendo una revista
Guy Debord

sábado, 22 de diciembre de 2018

La sociedad del espectáculo (Guy Debord)

La sociedad del espectáculo es un ensayo filosófico en clave marxista del intelectual francés Guy Debord, nacido en París en 1931 y fallecido el 30 de noviembre de 1994. Debord fundó asimismo la revista Internacional Situacionista, a la que pertenecieron, entre otros, los filósofos Raoul Vaneigem y Eduardo Rothe. Las tesis de La sociedad del espectáculo se deben encuadrar, como se ha dicho, entre la filosofía crítica marxista, dada la exploración de conceptos tales como enajenación, fetichismo de la mercancía o reificación que Debord lleva a cabo para extraer sus conclusiones.
 
Guy Debord

lunes, 9 de abril de 2018

La disputa entre Sartre y Camus: pequeño acercamiento a los argumentos de éste último.

Una de las acusaciones más frecuentes que suelen esgrimirse contra el filósofo francés de ascendencia argelina Albert Camus, es la de resultar moralista, casi equidistante, que no aceptaba las contradicciones que una revolución que pretendía acabar con las desigualdades de clase conlleva. Pero no deja de tener su ironía que aquellos que, en general marxistas, sostienen este argumento, a favor por cierto de Jean Paul Sartre —pero también de Merleau-Ponty o Jeason, éste último el oponente más feroz de Camus— con quien como es ampliamente sabido, Camus disputó sobre este tema a raíz de su escrito "El hombre rebelde", se encuentren ellos mismos lejos de sufrir en carne propia las contradicciones de una revolución de este tipo. —El propio Sartre no participó abiertamente durante la resistencia francesa, se limitó a escribir desde su sillón, como Camus le reprocharía, cosa que éste sí hizo. De ello Sartre sólo pudo defenderse diciendo que él no luchaba por evitar que se produjera historia,  sino para hacerla. Más tarde, Jean Paul Sartre le reprocharía a Camus no militar en el partido, cosa que sí había hecho en el pasado. Para él esto se asemejaba a un empate. Tras la muerte de Camus, Sartre lideró algunas de las revueltas más populares de su país—. Y si se las imaginan, ligeramente, nunca es como víctimas. Es fácil defender a la URSS (o a cualquier transición sangrienta de la historia) tildando de moralista impoluto a Camus cuando no eres tú quien se está pudriendo en un Gulag o en un campo de concentración. —Desde luego que también es bien sencillo suprimir nuestro escepticismo y tomar a la Unión Soviética como una caricatura diabólica de sí misma, comparándola al genocidio nacional socialista alemán, cuando el marxismo, filosofía profunda, al contrario que aquella que fundó el fascismo, no hacía necesaria una purga homicida más que en la medida en que un hombre es lo que hace; no es lo que es, por determinación del nacimiento, como sostendrían filosofías fascistas, sin medida de las intrincadas relaciones sociales que se producen en la vida en comunidad, que en su apartado económico el marxismo describió a menudo con precisión y posteriores sociologías han extendido.
 
fotografía en conjunto de Sarte y Camus sentados en el suelo junto a otros intelectuales de la época como Beavouir o Piccaso
Sartre, Camus, Beavouir, Picasso y otros intelectuales