miércoles, 16 de enero de 2019

Breve apunte sobre el amor en Schopenhauer

En la “Metafísica del amor”, Schopenhauer aprueba que los amantes renuncien a sus disposiciones matrimoniales impuestas por la familia o la sociedad, pues considera que, de esta forma, seguían la pasión más noble de sus instintos naturales en beneficio de la especie, pese al perjuicio que sufría su felicidad individual si escogían entre sus amantes a pobres seres sin recursos. Considera, asimismo, que si la especie humana se hallaba enferma, decadente, miserable era a causa de estos conciertos políticos matrimoniales, que impedían el curso natural de la reproducción de la especie entre seres que verdaderamente se atrajesen y que traería así al mundo hombres mucho más capaces que los anteriores, a razón de que la unión que los había concebido obedecía los intereses de la especie.
 

Sin embargo, la parte sustancial de su filosofía metafísica se halla en otra parte; en el hecho de que para él los amantes no son sino unos traidores que condenan a perpetuidad a una existencia de sufrimiento a las generaciones venideras en pos de la voluntad de vivir, que multiplica a los seres para el interés de la especie. «Para todo ser vivo, el sufrimiento y la muerte son no menos ciertos que la existencia. Puede, sin embargo, liberarse de los sufrimientos y de la muerte por la negación de la voluntad de vivir, que tiene por efecto desprender la voluntad del individuo de la rama de la especie y suprimir la existencia en la especie». Para Schopenhauer, por lo tanto, el amor prueba que el hombre vive más para la especie que para el individuo, pues de otra manera no caería en tretas semejantes, en fraudes y engaños como el amor, que limitan su posibilidad y cuyo fin esencial es la procreación.
 
Schopenahuer requería, por último, suprimir o superar el “principium individuationis” en cada ser humano, fuerza falaz que lo motiva a multiplicarse creyendo con ello su supervivencia, cuando no es el individuo quien sobrevive, sino la especie, precepto que el amante obedece en su inconsciencia. Pero no por egoísmo, sino por compasión de las generaciones venideras. No tenía, por lo demás, excesivas esperanzas de hacerse oír entre los amantes, a quienes se limitaba a exhortar con desprecios: «Notemos al paso que mi metafísica del amor desagradará de seguro a los enamorados que se han dejado coger en el garlito. Si fueran accesibles a la razón, la verdad fundamental que he descubierto les haría capaces más que ninguna otra de dominar su amor. Pero hay que atenerse a la sentencia del antiguo poeta cómico: "Lo que en sí carece de razón y medida, no podrás regirlo con la razón"».
 
Queda, sin embargo, una única esperanza para los matrimonios a quienes los despojos de la pasión mantuviese todavía unidos, aunque recelosos tras la desaparición de las fuerzas voluntariosas que motivaron su unión: «El acorde de las cualidades complementarias, morales, intelectuales y físicas, necesario desde el punto de vista de la generación futura para hacer que nazca el amor, puede también, por una especie de oposición concordante de temperamentos y caracteres, producir la amistad desde el punto de vista de los mismos individuos».

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